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“El problema no es Saludcoop, el problema son todas las EPS del país, Cafesalud, Nueva EPS, Saludtotal…” Yesid Camacho, fiscal de Anthoc nacional, analiza la actual coyuntura alrededor de la liquidación de Saludcoop. La debacle no es la primera y no será la última.

“El problema no es Saludcoop, el problema son todas las EPS del país, Cafesalud, Nueva EPS, Saludtotal…” Yesid Camacho, fiscal de Anthoc nacional, analiza la actual coyuntura alrededor de la liquidación de Saludcoop. La debacle no es la primera y no será la última.


“Eso no es nada nuevo. Hace unos 12 años nos dijeron que el problema era el Seguro Social, que había que eliminar ese gran monopolio y entonces acabaron con el Seguro Social. Montaron desde el gobierno un monopolio privado que se llamó Saludcoop, que lo empezaron a construir desde el Palacio de Nariño; porque Palacino y su familia eran de los adentros del Palacio de Nariño, por eso se decía que a Saludcoop lo manejaban desde el Palacino de Nariño”, comentó Camacho.

El futuro laboral de 30.000 trabajadores permanece en vilo, aunque solamente quedan unos 400 por definir a dónde pasarán. Supuestamente cambiarán de empresa, pero en la nueva no les espera nada seguro. De esta manera, los administradores de Saludcoop se escindieron de su responsabilidad, lo cual era en realidad una sustitución patronal y de negocios. No solo en este tema, también les entregaron el negocio a las clínicas, hoy hay más de 50 operadoras derivadas de Saludcoop.

“Lo peor de la corrupción es que los señores liquidan a Saludcoop pero le entregan el negocio a una empresa que forma parte del holding de Saludcoop, Cafesalud.  Sacan del bolsillo de un corrupto para el bolsillo de otro corrupto. De manera que nos encontramos frente a un acto de corrupción grandísimo, auspiciado, propiciado y desarrollado desde el gobierno nacional y, en particular, de la Superintendencia nacional de Salud”, precisó Camacho.

Debido a todas estas falencias, el descalabro actual tenderá a reproducirse, al igual que con el Seguro Social. Como les entregaron los pasivos laborales y los trabajadores a las clínicas que eran de Saludcoop, en dos o tres años esas clínicas no van a ser capaces de sobrevivir financieramente, porque no podrán arrastrar esos pasivos y se van a quebrar.

Y a los pacientes no les irá mejor. Cafesalud ya de por sí es malo con un millón 300 mil afiliados, con 4 millones nuevos que le llegarán, no tiene cómo responder ni en estructura  ni en capacidad. Para el fiscal de Anthoc se convertirá en “otro monstruo”. Tal como el monstruo de Caprecom, que también va en proceso de liquidación con más de 3 millones de afiliados del régimen subsidiado. Estos usuarios pasarían a la Nueva EPS, que tampoco será capaz de soportar la alta afluencia de demanda.

Yesid Camacho sentencia con una frase contundente: “El problema no es quién es el intermediario; la intermediación de por sí es corrupta porque es innecesaria. Hay que eliminar la intermediación, que le cuesta al sistema en promedio 10 billones de pesos al año. Y hay que reconstruir el sistema basado en los beneficiarios”.

En todo este maremágnum, con un gobierno del lado del bolsillo privado, parece no haber quien salve a los pacientes. El directivo sindical denuncia “foco de corruptela que se está manejando desde la Superintendencia de Salud”, por lo cual, la entidad no “es el vigilante para garantizar el derecho a la salud de la población, sino en el garante de que siga el negocio”. La inspección, vigilancia y control, la están haciendo a través de entidades privadas que sacan del mercado a entidades públicas para beneficiar a los privados.

La anterior tesis se sustenta con lo que pasó con el Hospital de Villavicencio, el cual no aparecía en la resolución de riesgo del Ministerio y de un momento a otro surgió en causal para una intervención por la Supersalud. En esa misma línea va el hospital de Ibagué y ya llegó el casi liquidado Hospital de Cartago. Es decir, también lo están aplicando en los hospitales públicos. En resumen, ante la actual crisis de salud se aplica una frase muy popular ‘¿Y ahora quién podrá defendernos?’.